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Piedras Calientes
Sigo a Ortencia en silencio. Soy como su sombra. Pisando cada piedra que ella pisa. Poniendo mis alpargatas mojadas justo en las huellas que dejan sus pies fuertes y callosos. Ella sabe escoger las piedras sin filo y sin lama verde para evitar las caídas. Tengo que abrir las piernas como una tijera para igualar sus pasos. Lleva sobre su cabeza un pesado platón metálico lleno de sábanas, sostenido apenas por una toalla húmeda enroscada como una culebra. Hemos atravesado ya tre
12 min de lectura
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